Falta de oración: una causa fundamental de la tibieza

La oración es muy importante en la vida de un cristiano como herramienta de comunicación y de guerra espiritual. El descuido de la oración debilita nuestra relación con Dios ya que este es el principal medio de comunicación con Él. Además, la falta de oración puede resultar en caer en tentación (Mt. 26:41; Mc. 14:38; Lc. 22:40, 46). Y así la falta de oración se ha convertido en una de las causas fundamentales de la tibieza.

Hoy vivimos en un mundo donde asistimos a muchas reuniones y atendemos muchas emergencias. Con estas largas reuniones y otras actividades estresantes, experimentamos fatiga y cansancio. Gradualmente, se saltan el tiempo devocional, el tiempo de oración y el estudio personal de la Biblia; se establece la procrastinación. Empeora cuando uno es un adicto al trabajo y no puede disciplinarse a sí mismo para administrar el tiempo de manera efectiva. La falta de oración se establece y esto marca el comienzo de la tibieza en la vida del creyente.

Puede beneficiarse de las oraciones dichas en las reuniones y las intercesiones hechas por otros hermanos, pero esto no es suficiente. Como cristiano, su inspiración depende de una relación personal y una comunión constante con el Espíritu Santo. Jesucristo es nuestro ejemplo perfecto (Mt. 14:23; Mc. 6:46; Lc. 5:16). Aunque muchas cosas demandan tu atención y a menudo las atiendes con prisa, como Jesús, sin embargo, debes hacer espacio en tu apretada agenda para tener frecuentes momentos a solas con tu Padre. Tales ejercicios sirven como períodos de descanso, renovación y comunión con Dios. Dado que nuestra fuerza proviene de Dios (2 Corintios 5:6), es importante pasar tiempo con Él para renovarnos y empoderarnos para enfrentar los desafíos y las luchas de la vida, y también para hacer Su obra. Por eso Jesús tuvo que retirarse muchas veces a un lugar solitario para comulgar con su Padre: «… De cierto os digo, el Hijo de Dios no puede hacer nada por sí mismo; sólo puede hacer lo que ve hacer a su Padre, porque todo lo que el Padre hace también el Hijo”. (Juan 5:19 NVI)

De hecho, Jesucristo tuvo mucho más trabajo que el que tenemos hoy. En aquellos días no había computadoras, internet, autos, trenes o aviones. Hacer el trabajo de evangelista, maestro, profeta o misionero no hubiera sido nada fácil. Sin embargo, Jesucristo encontró tiempo para comunicarse con la fuente de Su poder, Dios. Sabía que sin Dios no podía hacer nada. Esa debe ser nuestra actitud.

Como cristiano debes hacer buen uso de tu tiempo. No es necesario que espere hasta tener una hora de tiempo libre antes de rezar; puede rezar en segundo lugar, rezar minutos, rezar mientras camina. A veces no tendrías ganas de orar, pero la oración no debería depender de tus sentimientos. Como creyente, debes orar sin cesar (1 Tesalonicenses 5:17).

Copyright(c)2010 por Michael Okyere Asante

Deja un comentario