aviacion de la primera y segunda guerra mundial

A lo largo de la Segunda Guerra Mundial, la aviación se estableció firmemente como un ingrediente crítico de la guerra actualizada desde la Guerra de Inglaterra en las etapas iniciales hasta las considerables peleas de portaviones entre las flotas del Pacífico estadounidense y japonés y la distribución final de armas nucleares. Los primordiales combatientes –Alemania y El país nipón por una parte y Enorme Bretaña, USA y la URSS por otro– fabricaron gigantes fuerzas aéreas que se confrontaron en peleas campales entre ellos y con las fuerzas terrestres opuestas. El bombardeo se estableció como una esencial fuerza estratégica, y esta fue asimismo la primera guerra donde el portaviones tuvo un papel esencial.

Exactamente la misma con la aviación en la Primera Guerra Mundial, la inversión militar a lo largo de la Segunda Guerra Mundial llevó a la aviación hacia enfrente a pasos de enorme. El aerodinámico monoplano voladizo probó de forma rápida su valía en prácticamente todos los permisos, si bien ciertos biplanos mucho más viejos continuaron en permisos de nicho a lo largo de una gran parte de la guerra. La capacidad del motor y el desempeño de la aeronave aumentaron de manera incesante, y los motores a reacción y cohetes comenzaron a manifestarse en el final de la guerra. Los sistemas de aviónica aumentaron en sofisticación y se generalizaron, incluyendo los controles de vuelo asistidos por capacidad, la instrumentación de vuelo hacia ciegas, las comunicaciones por radio y el rastreo por radar.

Las fortalezas volantes

Los zepelinos fueron otra arma a la que los alemanes estrataron de sacar partido y, en cierta manera, lo lograron. En el mes de enero de 1915 atacaron Londres. Merced a su autonomía podían atravesar el Canal de la Mácula, hostigar un fin y regresar a él. Por el contrario eran lentísimos, con lo que era bien difícil que atacaran por sorpresa, y su aptitud de defensa era limitadísima. No obstante, han aterrado a los londinenses, que creían estar seguros en su isla. Solamente provocaron bajas civiles y los británicos desarrollaron un sistema de alarma y defensa muy efectivo. En verdad, aparte del daño psicológico, los zepelinos solamente fueron efectivos, suspendiendo varios asaltos por malas condiciones climáticas. Además de esto, podían abrasar un tiro y eran una lámpara en dulce para los cañones antiaéreos.

Pero en el momento en que los británicos frenaron a los zepelinos, llegaron los bombarderos. Desde 1917 los dos bandos reflexionaron en volver a usar los aeroplanos de reconocimiento para otro cometido. Eran aviones mucho más enormes, los motores ahora tenían mayor capacidad y llevar peso era menos problemático. Al comienzo los pilotos llevaban en la cabina alguna bomba por el suelo que iba por todos lados y la soltaban con la mano; en este momento comenzaron a ensamblarlas a apoyos a las alas y el fuselaje. Con enormes depósitos de comburente, buenos motores y artilleros (defendían la aeronave de los asaltos de los cazas) se dieron a conocer las primeras fortalezas voladoras, que tuvieron mayor éxito en los asaltos sobre Londres.

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