aterrizajes forzosos de aviacion en la guerra de sidi ifni

Todavía hay en Marbella enormes que recuerdan de qué manera se llenó hasta los encuentres la Iglesia de la Encarnación con ocasión del funeral del conduzco militar Adolfo Lima de Zea en la primavera de 1957. El trágico incidente en el que murió este marbellense tan popular en el pueblo, no fue entre los primeros de Marbella en pilotar un avión, pasó los meses anteriores al estallido de la olvidada Guerra de Ifni y compone el elemento clave de este segundo informe destinado a ese enfrentamiento poco popular de nuestro pasado reciente.

Adolfo Lima de Zea era hijo y nieto de 2 de los médicos mucho más reconocidos de Marbella: su abuelo Félix de Zea y su padre Adolfo Lima Chacón, los dos con calle dedicada al ayuntamiento, como lamentablemente él asimismo tendría. “Desde pequeñísimo mi tío Adolfo deseó ser conduzco, la aviación le agradó desde pequeño”, enseña el sobrino el médico Juan Luís Lima. La pasión por la aeronáutica es al lado del ansia de ser militar, en parte pues su mejor amigo, Vicente Martínez, era hijo del oficial-jefe del Campamento Benítez.

Automóviles: la parte clave

El ejército español tras la Guerra Civil De españa heredó una amalgama de automóviles difícilmente imaginable hoy día. Lo destacado de esta historia es que el régimen de Franco, al verse acorralado por el enfrentamiento mundial y en los años siguientes a 1945, no tuvo mucho más antídoto que usar todo cuanto pudiese marchar y pudiese ser útil para una viable guerra. Camiones y vehículos blindados rápidos fueron el material mucho más reutilizado. El blindado empleado hasta la década de 1950 en España eran los viejos T-26; apresados en el ejército republicano a lo largo de la contienda fratricida. Los T-26 eran tanques completamente desfasados ​​en el momento en que se brindaron de baja (1941) y mucho más tras la Segunda Guerra Mundial, pero como no había otra cosa, ya que estaban en primera línea.

En la década de 1950 como afirmábamos estos viejos tanques se brindaron de baja de las listas de material del ejército. El régimen de Franco comenzó a tener contactos con USA; todo lo mencionado terminó con un convenio de asistencia militar del enorme estadounidense en el pequeño país ibérico. Eran otros tiempos, la Guerra Fría se encontraba en apogeo y un país aliado siempre y en todo momento es preferible que un país neutral. Franco, como entendemos, se erigió como el Centinela de Occidente. La asistencia comenzó a llegar en 1953 con apariencia de aeroplanos, automóviles de calado diverso y vehículos blindados. En España llegaron los primeros M-24 “Chaffe”, Jeep Willys, semiorrugas M3A1 y Automóviles Dodge Wc-51. En el momento en que se declaró la guerra de Ifni-Sáhara una parte de este material se encontraba en la Península Ibérica.

Las gigantes adversidades del acompañamiento aéreo

El enorme historiador militar general, Rafael Viviendas de la Vega, señala meticulosamente todos los inconvenientes con los que el Ejército del Aire tropezó en los territorios de África Occidental De españa. En concreto en Ifni, el aeródromo solo era capaz para Junkers y con restricciones para los Heinkel y los DC-3. Varios días el aterrizaje y despegue se hacía demasiado bien difícil por las situaciones atmosféricas. No obstante, en El Aaiún se dejaba un máximo bastante para ser un óptimo campo de aviación, con luces y ayudas a la navegación, capaz para los aeroplanos que existían en aquellas datas, los ‘Junkers’, ‘DC-3’, ‘Heinkel’, ‘Butxons’ y los ‘T-6’. Villa Bens era solo capaz para los Junkers y Villa Cisneros no tenía inconvenientes de tonelaje, pero sí de excentricidad.

Un magnífico periodista, especial conocedor de Marruecos y África Occidental De españa, Ramiro Santamaría, sobre la aviación militar escribía en su libro de “La Guerra Ignorada” lo que él vivió como testigo, aseverando l heroico accionar del Ejército del aire. Y de esta forma lo detalla: “el desempeño de la aviación militar se sostuvo increíble, y solo en ciertos casos gracias a las condiciones meteorológicas, frecuentemente malísimas, dejaron de efectuar ciertos servicios, debiendo jugarse las sus vidas frecuentemente. Ellos son los que tenían asegurado en las guarniciones el abastecimiento entre las islas y los territorios, tal como los servicios de ametrallamiento y bombardeo y en auxilio de los sitios asediados. Esto pese a la incesante oposición del enemigo, destacando que todo ello ha podido realizarse por el enorme resorte ética de las tripulaciones, con el resultado de sostener alto el espíritu de nuestros combatientes, y al fin y al cabo, fue la clave de la victoria final sobre el enemigo”.

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